Condiciones que debe reunir un suelo para considerarse solar

Para entender correctamente el concepto de solar, es necesario comenzar definiendo el concepto de suelo urbano. Hay que tener en cuenta que la legislación urbanística propia de cada comunidad autónoma puede establecer clases equivalentes a las establecidas en este artículo.

Suelo urbano se considera aquel suelo o terreno incluido en el planeamiento urbanístico de un municipio que cuenta con una serie de servicios urbanísticos como agua, saneamiento, acceso rodado, energía eléctrica, entre otros; tales dotaciones las han de proporcionar los correspondientes servicios y el suelo debe estar insertado en la malla urbana, es decir, no debe encontrarse completamente aislado del entramado urbanístico ya existente. Dentro del suelo urbano, encontramos dos subcategorías:

  1. El suelo urbano consolidado: incluye los solares y parcelas que pueden adquirir la condición de solar.
  2. El suelo urbano no consolidado: se considera aquel constituido por la superficie restante de suelo urbano y que precisa de obras de urbanización (renovación, reforma interior, mejora urbana…).

Así pues, un solar es un terreno que reúne unas condiciones mínimas para la edificación y urbanizado y cuenta con los elementos de urbanización complementarios del suelo urbano (como el alumbrado público, acceso peatonal, salida y evacuación de aguas negras, suministro de agua potable) además de los básicos anteriormente mencionados (electricidad, acceso rodado, agua y saneamiento).

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